THE FATE TALES
SAGARÍS, año 945.

Tras dos mil años de historia, la capital de la joven Oligarquía de Aelthim se yergue como una urbe cosmopolita y en auge. Nudo de rutas comerciales, la Revolución Industrial ha expandido y transformado la estructura de la ciudad, haciendo de ella uno de los lugares más poblados del mundo conocido.

Sin embargo, la prosperidad y la riqueza de la metrópolis se nutre de la explotación. El nuevo proletariado se encuentra subyagado bajo un gobierno que apoya la industrialización, en el que el puño de la burguesía se apoya para perpetuar la situación.

¿Estás dispuesto a tomar parte en un mundo preparado para la lucha y el conflicto? ¿Estás dispuesto a tomar las riendas de tu destino?


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Mah'Khälé Keilás

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Mah'Khälé Keilás

Mensaje por Khälé Keilás el Mar Oct 09, 2012 2:26 pm

Mah’Khälé Keilás
Brahai | Varón | Aeltheo | 24 años | Alta Burguesía | Bisexual | Hedonista | Decateísta | Aldemnus
Ilusionismo, Telepatía, Telequinesia | Nacimiento: Ambelea, Ahäd
FÍSICO
Claramente de finos rasgos, muestra una nariz fina y recta, unas cejas inclinadas y claras marcando unos ojos rasgados y unos labios no demasiado gruesos. Su tez es bastante clara, y es definitivamente más alto que la media, sobrepasando el metro ochenta y cinco de altura. Sus iris son azules, variando la tonalidad dependiendo de la luminosidad entre uno más saturado o uno más grisáceo. Es musculoso, aunque no en de forma desmedida, fruto del ejercicio que realiza por pura egolatría. Además, es normal que se tiña el pelo de tonos castaños o moreno, ya que no le agrada su color natural, extremadamente claro. Su cabello es liso y, cuando no lo lleva cubierto, suele llevarlo dejando la frente despejada y que, así, no le moleste.

Algo que le caracteriza son las dilataciones de algo más de un centímetro de diámetro que lleva en ambos lóbulos y el piercing que tiene en el septum, aunque no siempre lo lleva puesto. Pero, más aún, son sus tatuajes lo que le definen, como marca personal e inamovible, repartidos en ambos brazos, en el pecho y en el bajo vientre, adentrándose en la región del pubis. Sigue, por lo tanto, la costumbre ahädia, aunque no de forma tan exagerada como su primo segundo, Brahïel, con sus treinta y dos perforaciones.

En cuanto a la vestimenta, tiene preferencia por la vestimenta más holgada, principalmente por dos razones: es más cómoda y, sobretodo, está de moda. Turbantes, joyas, bombachos, camisas, diversas telas, etc. un amplio armario con un gran repertorio cromático que usa, eso sí, combinándolo cuidadosamente.

PSICOLOGÍA


“Podría definirme de mil maneras y dudaría que alguna de ellas fuera correcta; dejemos que lo adivines tú para que nunca llegues a estar seguro.”

A Khälé le gusta que su definición sea la falta de la misma, ya que el clasificar conlleva una reducción de las posibilidades y las opciones y a él no le gusta limitarse… en ocasiones. Es cambiante en sus decisiones y puede ser tan poco constante con sus objetivos como obcecado, todo dependiendo de la importancia del propósito y de si logra alcanzarlo o no. No es alguien a quien la desilusión le dure demasiado tiempo y tampoco se considera a sí mismo como rencoroso.


“Sólo hay dos materias relevantes en la vida: el dinero y el placer.”

Los valores de Khälé son una fiel reproducción del hedonismo, añadiéndole una dosis de relativismo y cinismo. Es, antes que idealista, seguidor del pragmatismo y sus principios son reducidos y variantes, generalmente. Libertino, ambiguo, sus límites se reducen, la mayor parte de las veces, a su alta posición social, por lo cual no siente demasiado aprecio por las clases medias, por no hablar de las aún más inferiores. No rechaza el uso de drogas y le gusta mezclar el opio con shen, un laúd y la correspondiente percusión, entre una larga y cambiante lista de caprichos.


Como miembro de dos de las familias que gobiernan Aelthim, una por sangre y otra por ley, apoya firmemente el sistema establecido, ya que su modelo de vida se sustenta en él:

“¿Inconmovible? Querida, me ofende al considerarme como tal. Comprendo a la perfección sus ansias de libertad. Yo mismo las poseo y entiendo cuán refrescante es escuchar la suave y sensual brisa de sus palabras. El único problema es que mi libertad es a costa de la suya y, como comprenderá, no sería justo obligarme a una esclavitud que no merezco.”

Para él, cada cual tiene su lugar en esta sociedad. Ciertamente, no es algo inamovible y hay personas que se merecen ascender en cierta medida, pero son casos excepcionales y, por regla general, espera que cada cual permanezca en el puesto asignado en su nacimiento como “pequeños engranajes de la gran y maravillosa fábrica que es este mundo”. Los de abajo exprimen; los de arriba beben.

Pero, tampoco es que guarde mucho respeto a sus iguales, algo que puede verse en su opinión de su padre adoptivo:

“¿Gereth? Ese viejo fósil. Pude ver cómo sus ojos lujuriosos se clavaban en la piel desnuda de mi torso la primera vez que nos conocimos. Tuve que tragarme cualquiera de mis palabras hasta que firmó el contrato de adopción, pero pongo a los diez por testigos que luego se las devolví con crecidos intereses.”

A pesar de eso, las relaciones sociales son una parte importante de su vida, pero que nadie espere a educación de su parte. Entre sus palabras de cortesía se esconde, sin que cueste mucho entreverla, una marcada hipocresía, utilizando el sarcasmo y cierta burla como métodos de diversión. Sin embargo, aunque no las rechaza todas las veces, no es que, precisamente, busque relacionarse con gente de estratos inferiores, aunque no siempre entiende como tal a lo que socialmente se estima así. Por ejemplo, tiene un cierto aprecio al Azor Escarlata, pues han revelado ser útiles.


En cuanto a la religión, oficialmente se define como decateísta, pero a veces podría considerarse que sólo expresa serlo como mofa, declarando con su ironía la existencia, la ayuda y la bondad de los Dioses, no dejando entrever si existen en realidad. Lo cierto es que ni cree, ni deja de creer:

“¿Para qué perder en tiempo intentando averiguar lo inaveriguable cuando puedes perderlo disfrutando de los placeres que nos otorgan?”.



Rehúsa y detesta el concepto de lealtad, ya que le parece una carga y una falsa ilusión, casi una necesidad de débiles. Para él, el verdadero significado de la palabra es el mero interés de ambas partes para cierto objetivo, una alianza temporal que puede romperse en cualquier momento. Tampoco le agrada ese sentimiento llamado amor, pues lo encuentra una debilidad y una losa sobre su cabeza más que la fuente de las fuerzas que muchos dicen recibir; así, pues, rechazaría cualquier insinuación acerca de él, aunque, desde luego, no rechazaría aprovecharse del mismo en cuerpo de otros. Por lo tanto, no tiene intenciones de casarse y, de hacerlo, sería como un mero contrato de conveniencia.

Su conciencia parece haberse tomado unas largas vacaciones; de hecho, él no recuerda haber tenido el gusto de conocerla. De esta manera, para él, el arrepentimiento no es sólo una debilidad, sino, además, una renuncia al propio ser.
“¿Cómo podría aceptarme si rechazara mis pecados? Son ellos los que me han hecho como soy”


Individualista, sin ideales, rechazando el concepto de patria y desvinculándose de las relaciones sentimentales, como ya se ha dicho, se siente más libre que los demás. A ellos les ve felices con sus ataduras, pero la mera idea de renunciar a lo que tiene por esa supuesta dicha, le provoca una sonora carcajada.

La verdad y la mentira son dos conceptos que se entrelazan tanto en su vida como en sus palabras; les gusta jugar con ellos, como parte de esa indeterminación que él podría llegar a considerar como arte, un caos que es bello por rechazar el orden y llegar hasta el punto de ser destructivo. Y es, en verdad, que disfruta del espectáculo que brindan los estragos de la desolación, bebiendo de ellos como un espectador en una obra de teatro.


Una de las pocas cosas que detesta de per se, el color de pelo de su familia. Como él mismo definiría:

“Un rubio bonito, atractivo, pero nada que pueda otorgarme demasiado que estime aceptable, ¿quién puede tomar en serio a alguien con esa tonalidad en el cabello? Yo, desde luego, no.”


Por lo tanto, tampoco es tan extraño que use tintes naturales para dotarle de una apariencia más oscura, ya sea castaña o morena. En realidad no lo hace por vergüenza, sino como una “forma de mejorarse”. Es narcisista hasta el punto de que las opiniones ajenas pierden cualquier importancia. Algunos podrían tildar su actitud de ignorancia, pero él no tendría duda de que le consideraran como tal por la propia que ellos acarrearan.

HISTORIA

Es difícil establecer el inicio factible para una historia, pero, dado que la que voy a relatar es relativa únicamente a mí, comenzaré por el día de mi nacimiento. El decimotercer día de Aldemnus, o del Segundo Entretiempo, del año 920, parece que decidí que había permanecido demasiado tiempo en el vientre de mi progenitora, o bien fue ésta la que prefirió deshacerse del peso que resultaba. Mi embarazo había durado alrededor de las treinta semanas, por lo que nací prematuro, y tan cansada de mí debía de estar Häbila, mi madre, a la que nunca llamo como tal, que escogió antes morirse que aguantarme el resto de mi vida. No la guardo rencor; nunca la eché excesivamente en falta.

El adelantado parto, justo antes del invierno, hizo que mi salud se resintiera y estuviera a punto de no llegar al año de vida, algo que muchos hubieran agradecido. Sin embargo, no soy alguien que complazca por placer y altruismo, así que me sobrepuse y regresé con unos pulmones suficientemente fuertes como para que a nadie pudiera pasársele desapercibida mi presencia. Tras el periodo encerrados en Ahäd, regresamos al lugar donde pasaría mi infancia: Poublieva. No puede decirse que fuera un niño conformista y, aunque muchos lo llamen egoísmo, yo prefiero denominar como una ambición prematura a las sensaciones que me embargaban.

La relación paterno-filial que desarrollé con Iqhaäl, mi otro progenitor, fue deteriorándose con los años, no en el sentido de que creciera el desagrado entre nosotros, sino que, más bien, comenzamos a entender nuestro vínculo como un contrato. Supongo que debía sentir aprecio y amor por mí, quizás por compartir sangre, pero la realidad era que él veía en mí una posibilidad para afianzar su estilo de vida, mientras que yo podría conseguir una propia en el proceso.

Ah, ¿todavía no lo he dicho? Pertenezco, por genética, a una de las grandes familias que gobiernan Aelthim, la procedente de Ahäd, los Angkar. Iqhaäl es primo del actual cabeza de familia, Sahül, por lo que siempre gocé de una posición privilegiada, aunque esa es una palabra con connotaciones que pondría en duda, así que mejor usaré posición debidamente heredada. El problema de nuestro lugar era, precisamente, que no teníamos acceso a la herencia, o no a la mayor parte de ella, así que, con el paso de los años, se nos presentaría una oportunidad, o más bien Iqhaäl elaboraría el camino para que ésta se diera.

No tuve grandes relaciones durante mi infancia, pues en una ciudad pequeña no abundaban los infantes con un rango social parejo al que yo ostentaba. Ya de pequeño entendía el concepto del estatus y, por lo tanto, mis amistades se limitaron al hijo mediano de los descendientes de los antiguos condes del lugar, que aún conservaban cierto poder, y al rechoncho primogénito de un acaudalado mercader ahädio. Además, Iqhaäl me garantizó una rica educación, aprendiendo el idioma familiar y el hablado en Aelthim, además de los conocimientos necesarios, teóricamente, pues la mayor parte de ellos yo los entendía como banales y superficiales; luego comprendería que el propio mundo es banal y superficial y que es a través de esas nimiedades por lo que se disfruta y por lo que se puede llegar a controlar.

Recuerdo bien mi primera visita a Sagarís, contando con ocho años de edad, aunque no fue hasta los quince que me instalara definitivamente allí, escapando del burdo provincianismo y decidido a exprimir las ventajas que la capital podía ofrecerme. No me mudé con mi familia, sino que compré una casa en la barriada imperial, no tan espectacular como la de mis tíos segundos en Nise, pero al menos no tenía que soportar al modosito de Brahïel; prefería tenerle lejos, pues no estaba seguro de poder controlar mi lengua en su presencia. La ciudad del Saar se me reveló como un palacio dorado donde poder escapar de esa rectitud moral que cundía en mi familia y que ni mi progenitor había estado dispuesto a seguir a rajatabla. No tardé en pasar buena parte de mi tiempo en El Templo de Lisnathaÿ, aquel burdel de intramuros en el que los precios sólo quedaban superados por la calidad del servicio. No sólo ofrecían servicios carnales, sino también otro tipo de placeres; de hecho fue allí donde me contagié del placer por la música y, a partir de entonces, buena parte del tiempo lo pasaba en mi casa con la mera compañía de mi laúd. No se puede decir que el tiempo invertido no diese sus frutos. No fue el único hábito que adquirí; además, cogí afición por las saunas y un club de lucha cuerpo a cuerpo, los cuales me ayudan con la higiene y el mantener el cuerpo activo y en forma; además, no se puede decir que las vistas y el contacto cuerpo a cuerpo no sean… excitantes. También conocí a Thibat Issat, líder de una reconocida… banda ilegítima llamada el Azor Escarlata, en honor al pájaro teñido de dicho color que usan para firmar sus crímenes.

Disfruté de esos años. ¡Oh, sí! Fueron buenos tiempos. Sin embargo, Iqhaäl tenía planes para mí y para ello debíamos limpiar mi nombre. En un principio me mostrase reacio a renunciar a mi libertino estilo de vida, pero pronto pude ver en claro los objetivos que me marcaban y cómo podían ser beneficiosos para mí.

A los diecinueve años me presentaron a Gereth Keilás, el cabeza de la familia que lideraba el cultivo de shen en Aelthim, homosexual reconocido, sin pareja y sin hijos. El encuentro tuvo apariencia de casual, pero fue, desde luego, premeditado. Mi apariencia altiva y mi particular humor se vieron sustituidos por primera vez por una aparentemente sincera cordialidad, unos modales impecables y un ánimo bondadoso, a la par que perspicaz. Una mera fachada para engañar al viejo que espero no tener que volver a repetir. Moviendo influencias, se creó el rumor de que Iqhaäl había renunciado a mí como hijo y, por lo tanto, me encontraba legalmente huérfano, habladurías que no me esforcé en desmentir, sino que me apresuré a afirmar la falacia. Así fue que Gereth me acogió bajo su protección. No fue una buena época, ya que las horas que debía pasar fingiendo se multiplicaron; supongo que tenían razón cuando, de pequeño, mi aya decía que tenía madera para el teatro. Fue un año después, contando yo con veintiuno, cuando, por fin, Gereth me adoptó, convirtiéndome en el heredero legítimo de los Keilás y liberándome, al fin, de mi papel.

El Azor Escarlata y yo habíamos llegado a un acuerdo: una vez alcanzada mi nueva posición, yo les garantizaría libertad de movimientos a cambio de un porcentaje del botín y una inmunidad sólo rota para no levantar sospechas. Así pues, constituían otra parte del plan que sustentaba mi ascenso, amenazando a Gereth con acabar con todos y cada uno de los Keilás si se atrevía a deshacer el apadrinamiento sobre mí, al descubrir mi verdadera personalidad. El viejo, amargado, se retiró en buena medida de la vida pública, lo cual agradezco, pues no me gusta tenerle incordiando.

Desde entonces, recuperé la vida que había dejado en pausa, pues nunca había tenido intención alguna de darla por terminada. Dejé de frecuentar los burdeles con esa asiduidad, prefiriendo el entorno familiar que ofrece la villa de Nise que compré, remodelando varias zonas y rescatándolas del horrendo sentido del gusto que tenían sus anteriores propietarios y adecuándolo a la moda actual y a las exigencias del pronto Gobernante de Aelthim: Yo.

OTROS DATOS
Tiene en sus jardines una estructura que denomina ”La jaula” ya que cumple dicha función. Es una amplia estructura de hierro recubierto de pan de oro y cristal, con plantas en su interior y una amplia colección de pájaros, con un número significativo de azores.


Última edición por Khälé Keilás el Sáb Oct 13, 2012 10:34 pm, editado 5 veces
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Re: Mah'Khälé Keilás

Mensaje por Adhael N. de Harik el Vie Oct 12, 2012 6:53 pm

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cuando tu ficha esté terminada.


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Re: Mah'Khälé Keilás

Mensaje por Khälé Keilás el Sáb Oct 13, 2012 10:34 pm

¡Ficha terminada!


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Re: Mah'Khälé Keilás

Mensaje por Ciro Orestes el Sáb Oct 13, 2012 10:39 pm

Ficha Aprobada

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